La amenorrea hipotalámica funcional o pérdida de la menstruación
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) se encuentran dentro de las patologías mentales con mayor impacto orgánico y de salud en las personas que las padecen. La prevalencia entre adolescentes y adultas jóvenes alcanza aproximadamente un 6,5% de la población, afectando a múltiples sistemas: hormonal, cardiovascular, gastrointestinal, hematológico y renal.
Estas alteraciones resultan de la interacción de factores genéticos, perinatales, de personalidad, familiares, dietéticos-nutricionales y sociales. Una de las afectaciones más comunes es la amenorrea hipotalámica funcional (AHF), definida como la «pérdida de la menstruación sin lesiones orgánicas, motivada por estresores reversibles» que podrían recuperarse al resolverse.
¿Cuáles son estos estresores habitualmente?
- Estrés energético: ingesta deficitaria de nutrientes.
- Deporte excesivo o de alta intensidad.
- Estrés psicológico importante o situaciones traumáticas.
El organismo prioriza la supervivencia sobre la reproducción, inhibiendo las hormonas reproductivas. Esto provoca ausencia menstrual y déficits hormonales con consecuencias en otros sistemas corporales.
¿Cuáles serían las consecuencias más habituales de la AHF?
- Sequedad o atrofia de la mucosa vaginal y disbiosis endometrial.
- Afectación en las relaciones sexuales y dificultades futuras de fertilidad.
- Retrasos en la concepción, la gestación y los partos.
- Aumento del riesgo cardiovascular por deficiencias nutricionales.
- Disminución de la masa ósea (osteopenia) en aproximadamente el 40% de mujeres jóvenes con TCA.
- Alto riesgo de fracturas y disminución de la calidad de vida.
¿Cuál sería entonces el mecanismo por el que se instaura la pérdida de la menstruación?
El núcleo arqueado del hipotálamo regula tanto la secreción de hormonas sexuales como el equilibrio energético. Controla las señales de hambre y saciedad, y produce la hormona hipotalámica (GnRH) necesaria para que la hipófisis y el aparato reproductor secreten las hormonas de reproducción (FSH, LH, estrógenos y progesterona). Evolutivamente, el organismo «comparte esta funcionalidad para proteger la vida y la supervivencia».
Las funciones reproductivas conllevan un elevado coste energético. Ante cualquiera de los estresores mencionados, el organismo responde con pérdida de la función reproductiva, desaparición de la ovulación y la menstruación.
¿Existe algún tratamiento?
El tratamiento protocolizado es el uso de anticonceptivos orales, que buscan inducir sangrado, aportar estrógenos para protección ósea y evitar la progresión de la osteopenia a osteoporosis temprana. Sin embargo, la recuperación del período menstrual requiere no solo aporte hormonal sino también solucionar los estresores causantes.
El estresor con mayor peso en la recuperación de la AHF es el energético. «Hasta que el cerebro no detecte de forma estable que estos estresores han cesado» no se reactivarán los mecanismos reproductivos.
La reposición de déficits de nutrientes y realimentación hasta el normopeso de forma estable es la clave fundamental. La solución requiere trabajo en la esfera psiquiátrica y psicológica, un cambio emocional que suponga crecimiento personal y un correcto aporte energético alimentario.
En pacientes con anorexia nerviosa, «cuando recuperaban el 90% del peso adecuado a su talla recuperaban la menstruación dentro de los 6 meses siguientes», evidenciando que la recuperación del estado nutricional es decisiva para normalizar la función gonadal.
El objetivo profesional es acompañar con empatía a las pacientes en el camino hacia la recuperación de su salud psíquica y física, considerando sus necesidades y prioridades de vida.


