«Que la comida sea tu alimento y tu alimento tu medicina» — Hipócrates
Introducción
Hipócrates, médico griego y padre de la medicina, enfatizó una verdad que la medicina moderna continúa confirmando: la relación fundamental entre la alimentación y la salud. Históricamente, la comida ha sido tanto curativa como patogénica; nuestro contexto actual evidencia cómo nuestros patrones dietéticos se correlacionan directamente con el deterioro de la salud física, mental y emocional.
El deterioro de la salud no es monocausal. Sin embargo, los nexos entre el intestino y el cerebro se establecen desde el período gestacional, con múltiples puntos de interrelación.
El sistema nervioso entérico (ENS)
El ENS o Enteric Nervous System, conocido como el «segundo cerebro», se extiende a lo largo del tracto gastrointestinal y comprende más de 600 millones de neuronas enteroendocrinas. Su transformación fundamental ocurre durante los primeros 1.000 días de vida, adaptándose posteriormente según la epigenética y los hábitos de vida.
Comunicación bidireccional cerebro-sistema digestivo
La comunicación entre el cerebro y el sistema digestivo es bidireccional. Las alteraciones cerebrales afectan al funcionamiento intestinal, mientras que ciertos desequilibrios gastrointestinales inducen cambios conductuales, del estado de ánimo y alteraciones neuroquímicas.
A través de la microbiota, se puede regular el sistema inmune y nervioso, actuando como facilitadora en la mejoría de trastornos psiquiátricos y del sistema nervioso central. Inversamente, los desequilibrios microbianos pueden exacerbar trastornos psiquiátricos existentes e hiperactivar el sistema nervioso simpático. Estos desequilibrios se amplifican con la secreción sostenida de cortisol por estrés crónico.
Vías de comunicación intestino-cerebro
Esta interacción ocurre mediante cuatro carreteras transmisoras:
- La vía neural a través del nervio vago.
- La vía endocrina por el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal.
- La vía inmunitaria mediante las citoquinas.
- La vía metabólica mediante metabolitos microbianos y hormonas digestivas.
En un intestino disbiótico y permeable, se generan sustancias tóxicas que atraviesan la barrera hematoencefálica y llegan al cerebro por circulación.
Impacto en la salud mental
Estas conexiones pueden determinar:
- Cambios en la microbiota tras situaciones de estrés.
- Desregulación de la motilidad intestinal.
- Alteración de la secreción enteroendocrina de neurotransmisores como la serotonina.
- Modificación de las sensaciones de hambre y saciedad.
- Alteración de la regulación inmunitaria, causando neuroinflamación.
Ejemplo común: «¿Quién no ha sufrido dolores abdominales antes de un examen?». Frases como «tengo los nervios en el estómago» reflejan cómo el cerebro condiciona el funcionamiento digestivo.
Disbiosis y salud mental
La disbiosis o desequilibrio bacteriano altera las concentraciones de serotonina, el neurotransmisor relacionado con las emociones y el estado de ánimo. Esto podría explicar el agravamiento de:
- Trastornos del ánimo.
- Trastornos del comportamiento.
- Ansiedad.
- Autismo.
- Esquizofrenia.
- Trastornos alimentarios (bulimia nerviosa, trastorno por atracón).
La serotonina periférica:
- Altera la respuesta inflamatoria en trastornos gastrointestinales funcionales.
- Activa reflejos de peristaltismo.
- Influye en el dolor abdominal, el malestar, las náuseas y la saciedad.
- Afecta a estados inflamatorios crónicos o inflamación de bajo grado.
Neuroinflamación y enfermedad mental
Una mala condición intestinal y la disbiosis pueden inducir patologías derivadas de la neuroinflamación, enfermedades neurológicas degenerativas, trastornos del ánimo y depresión. Los pacientes con estas condiciones presentan un denominador común: mal estado digestivo, permeabilidad y disbiosis intestinal, aunque esta no sea la única causa etiopatogénica.
Mecanismos de daño cerebral
La permeabilidad intestinal induce:
- Estrés oxidativo.
- Disfunciones mitocondriales.
- Fatiga crónica y agotamiento energético.
Estos aumentan la permeabilidad tanto de la barrera digestiva como de la barrera hematoencefálica, permitiendo que sustancias inflamatorias perjudiquen la salud psíquica y neurológica. El aumento de la translocación de tóxicos eleva la activación de la microglía cerebral, generando el «caldo de cultivo» para la neuroinflamación, primer estadio de muchas enfermedades mentales.
Prevención y tratamiento: abordaje integral
Cambios en la alimentación y el estilo de vida
Las medidas complementarias, básicas y accesibles con evidencia científica incluyen:
- Dieta equilibrada y nutritiva que evite azúcares y ultraprocesados que modifican el circuito de recompensa cerebral.
- Evitar la acumulación de residuos tóxicos de alimentos procesados.
Aporte de nutrientes cerebrales
En los casos necesarios, aportar nutrientes fundamentales para la salud cerebral:
- Omega 3.
- Vitaminas del grupo B.
- Vitamina C.
- Vitamina D.
- Minerales y oligoelementos: zinc, selenio, magnesio.
Estos son fundamentales para:
- Disminuir el grado inflamatorio sistémico.
- Favorecer el aumento del BDNF (Brain Derived Neurotrophic Factor), esencial para la supervivencia neuronal y la transmisión de señales nerviosas.
Tratamientos probióticos y prebióticos
Centrados en alimentar las «bacterias buenas» del microbioma intestinal, podrían mejorar la sintomatología y favorecer una mejor respuesta a las intervenciones médicas, farmacológicas y nutricionales.
Acompañamiento profesional integral
Psicólogos, terapeutas, médicos y psiquiatras actualizados en una visión global e integrativa de la salud ayudan al mejor pronóstico de las enfermedades crónicas prevalentes.
Conclusión
Recordando que la OMS define que «la salud es completo bienestar físico, mental y social, no solo ausencia de enfermedad», implementar estos cambios constituye la vía fundamental de prevención y mejora del estado proinflamatorio actual, cuidando la salud celular y cerebral para extender no solo los años de vida, sino la calidad de estos años con mayor salud física, psíquica y emocional.
Dra. Anna Montilla Santana Medicina Integrativa y Psiconeuroinmunología · Medicina Antiaging y Prevención Neurocognitiva · Especialista en Trastornos Alimentarios


